Los precios “abusivos” en Cuba según la mesa redonda: ¿hacia una economía moral?

Los precios “abusivos” en Cuba según la mesa redonda: ¿hacia una economía moral?

Lo más interesante de la mesa redonda de la televisión cubana del 31 de julio fue la revelación de lo que pudiera ser la corriente teórica con la que intenta fundamentarse el congelamiento generalizado de precios: la economía moral.

Parece tratarse de una utilización muy particular de la economía moral porque va acompañada de una utilización deficiente de conceptos de Economía. Aclaro, de entrada, que no tengo nada contra la economía moral. De hecho, toda Economía Política que se respete incluye un componente de economía moral.

Para precisar de qué estamos hablando, utilizo el término de economía moral de la manera en que la definió Edgar Thompson, quien popularizó el concepto en relación con las confrontaciones en el mercado sobre los derechos o titularidades respecto a los alimentos básicos. (1)

Este es un punto importante: el concepto se utiliza en el plano de la comercialización de alimentos en tiempos de escasez y se refiere al conjunto de creencias, usos y formas asociadas a ese tipo de procesos, así como las emociones profundas que ese tipo de eventos estimula en las personas. (2)

La existencia de este cuerpo de pensamiento acerca de la inmoralidad de lucrar en base a las necesidades de la gente, refleja el hecho ineludible –verificable a lo largo de la historia- de que muchos aspectos esenciales de la vida de las personas no pueden ser resueltas por el mercado.

De lo anterior se deriva, según Thompson y otros teóricos de la economía moral, la existencia de una conciencia popular respecto a lo que es legítimo en la esfera de la economía, principalmente de alimentos, incluyendo el régimen de precios y el castigo a los especuladores.

Uno de los argumentos más conocidos de la economía moral es que el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente.

Lo anterior es importante, porque si desea entenderse cómo funcionan en Cuba los mercados de alimentos (estatales y no estatales) debe tomarse nota del estado constante de inconformidad popular –bajo diversas modalidades e intensidades- con las que estos funcionan. La percepción de precios injustos provoca indignación y eso le confiere una carga “moral” particular a la protesta.

Dos cuestiones deben considerarse cuando se utiliza la economía moral para intentar conferir racionalidad a los controles de precios en Cuba. En primer lugar, debería entenderse que es un campo polémico del pensamiento, en el que interactúan las ciencias y las humanidades, y que por tanto va mucho más allá de las consignas políticas del momento. En segundo lugar, el peor servicio que se le hace a un análisis desde un enfoque de economía moral es mezclarlo con explicaciones deficientes desde el punto de vista de la ciencia económica. Puede contaminar el conjunto de los argumentos (morales y económicos) con un tinte de pifia intelectual.

La mesa redonda de ayer no pareció abordar el esbozo de economía moral que se utilizó con el rigor intelectual que se requiere. Los argumentos aportados evadieron una presentación integral de la carga “moral” del descontento popular porque se hizo una exposición muy sesgada que prácticamente no consideró la realidad de los mercados estatales.

Respecto al segundo punto –el acompañamiento de explicaciones económicas deficientes- la mesa redonda de ayer pudiera ser un buen caso de estudio: utilización intercambiable de conceptos que en realidad son diferentes, tratamiento superficial del tema de la oferta, alusión incompleta a la secuencia de las medidas, supuestos no fundamentados y utilización de un enfoque de formación de precios cuestionable.

Lo más llamativo

La mesa redonda intentó reafirmar la centralidad del “concepto” de precios “abusivos”.

Se trata, obviamente, de un término que pudiera ubicarse en el plano de la economía moral, pero a condición de que sea bien explicado, algo que no se ha hecho.

Parece evidente que refleja el intento de transformar un amplio sentimiento de indignación respecto a los altos precios en un “concepto” con una carga moral potenciada. Es decir, un tipo de precios que pudiera identificarse como la cristalización de un comportamiento perverso, hasta el grado de ser un abuso.

Sin embargo, más allá de eso, en la mesa redonda no se ofreció un razonamiento claro para explicar dos cosas importantes:

  • ¿Consiste el abuso en el incremento esperado de precios o en el nivel de precios ya existente?
  • ¿Es un abuso porque el margen (después de los costos) es elevado? (comparación relativa al interior de la estructura del precio), o es un abuso porque el nivel de precios que ya existe es desproporcionalmente elevado respecto al salario promedio estatal y las pensiones? (comparación relativa entre ingresos y gastos)

Dependiendo de las respuestas que se ofrezcan, pudieran hacerse entonces consideraciones distintas de economía moral.

Si la explicación del abuso se relaciona no solamente con incrementos esperados, sino con el nivel actual de precios, y si el abuso se considera en relación con la diferencia entre precios y salarios/ pensiones, entonces el análisis moral se desplazaría esencialmente hacia los salarios y pensiones.

Si se agregase una tercera pregunta -¿Califican como un abuso los precios actuales de un segmento del sistema de comercio estatal?-, entonces se modificaría tanto el tipo de fenómeno de precios que se discute moralmente (en vez de los aumentos esperados de precios sería el nivel actual de precios), como el actor económico cuyo comportamiento moral debería ser analizado (aquel que paga salarios estatales y que fija altos precios en segmentos del mercado estatal).

Obviamente, es un tipo de análisis muy complejo porque lo que ocurre en el mercado es solamente una parte de lo que define moralmente el comportamiento de los actores estatales y no estatales. En ambos casos existen dimensiones y manifestaciones moralmente loables -en lo económico- que tienen lugar fuera del mercado: acceso sin costo directo a la salud y la educación, amplio subsidio a una parte de la alimentación, protección social a grupos específicos, solidaridad en caso de desastres, entre otras.

El problema es que si se desea colocar en el plano de la economía moral la explicación acerca de la racionalidad del congelamiento de precios habría que considerar el componente moral en toda su amplitud y no de manera selectiva como se hizo en la mesa redonda.

Cuando se utilizan en un marco de moralidad algunos códigos de comunicación como “batalla”, “batida”, “combate”, y “apercibimiento”, se adopta –parecería que como premisa “natural”- el supuesto de que existen actores que ocupan un territorio moral más elevado que otros, sin haberse tomado el trabajo de examinar posibles problemas morales relativos al funcionamiento de esos actores ubicados a priori en un territorio moral elevado.

¿Están realmente las entidades estatales exentas de problemas desde una perspectiva de la economía moral?

Lo que debería resolverse

Con la excepción de la parte relativa al tema tributario –que fue la única parte de la mesa redonda donde lo moral se conjugó coherentemente con la Economía- en el resto de los temas abordados se utilizaron de manera imprecisa los argumentos económicos, llegando en ocasiones a erosionar completamente la credibilidad de los argumentos morales que intentaban presentarse.

Probablemente el caso más señalado fue la mención al alza del precio de la carne de cerdo hace unos meses atrás, presentada como un ejemplo de precio abusivo que era algo “insostenible para el pueblo”, pero sin hacer la más mínima referencia a la causa directa de esa alza de precio, la cual muy poco tuvo que ver con un problema moral, sino con una notable contracción de las ventas de carne de cerdo en el primer trimestre de 2019, principalmente en los mercados estatales, donde las toneladas vendidas de “cerdo en piezas” (principal modalidad comercializada) fueron aproximadamente la mitad de las toneladas vendidas en el primer trimestre del año anterior, mientras que el valor por cada libra comercializada aumentó en casi 45.3% en el mismo período. (3)

No sé si queda claro que tratar de hacer encajar como un problema moral un incremento de precios que las personas saben –porque lo vivieron- que tiene su explicación en que la carne de cerdo “se perdió”, no ayuda mucho a la credibilidad del supuesto argumento moral que desea establecerse.

Otras deficiencias que, desde una perspectiva económica, deberían ser resueltas son las siguientes:

  • Utilización poco rigurosa de términos que no deben ser empleados de manera intercambiable: existe una diferencia entre control de precios y congelamiento de precios, existe una diferencia entre topar precios y el congelamiento de precios, y existe una diferencia entre regulación y congelamiento de precios. La acción de política económica más importante adoptada recientemente, y con efectos potencialmente más negativos, es el congelamiento generalizado de precios.
  • Tratamiento superficial del tema de la oferta y de su relación con el precio: aunque, por momentos, se hizo referencia a la oferta, este factor crucial del análisis de precios en Cuba fue mencionado de manera más bien circunstancial. Principalmente se mencionó como un anhelo sin hacer referencia a medidas concretas ni a plazos específicos para incrementar la oferta. Más importante aún, las presentaciones ignoraron completamente la función del precio en los procesos de incremento de la oferta. Se consideró el precio fundamentalmente como un efecto, pero no como parte del mecanismo causal que –en determinadas condiciones- conduce al incremento de la oferta. Eso pudiera hacer pensar que, quizás, se evitó abordar la dimensión positiva de los incrementos de precios para poder resaltar su dimensión negativa, desde una perspectiva moral.
  • Explicación basada en un enfoque reduccionista de precios: por razones que cada vez se hacen más incomprensibles, sigue explicándose oficialmente la formación de precios desde un enfoque estrecho de costos, sin reconocer el importante papel de la relación de oferta y demanda en las oscilaciones de precios. El componente económico de la definición aportada sobre el precio “abusivo” refleja ese error, pues el criterio económico para definir un precio “abusivo” es que el incremento de estos no se corresponde con el aumento de los costos de producción o adquisición. Debe decirse, de paso, que tal reduccionismo no se corresponde con un enfoque marxista. Es más, sigue haciéndose eso a pesar de que la estadística oficial muestra que en Cuba se manifiesta la relación entre oferta y demanda en magnitudes visibles, como en el ejemplo del precio de la carne de cerdo que se ha citado más arriba: ante una caída de la oferta física (toneladas) de 46.3%, el valor de cada libra vendida creció en 45.3%. Eso ocurrió en el mercado estatal, en Cuba, en el primer trimestre de 2019.
  • Ausencia absoluta de referencias a la productividad. Un colega hizo hace poco la interesante observación de que años atrás nunca se habría hecho un análisis en Cuba sobre precios y salarios sin concederle centralidad a la productividad. La situación parece ser muy diferente ahora: la productividad casi ni se menciona.  
  • Secuencia de las medidas: la insistencia en que el congelamiento de precios es parte de un conjunto de medidas, lejos de aclarar posibles soluciones lo que hace es provocar dudas acerca de si se ha utilizado una secuencia correcta de medidas. ¿Por qué utilizar ahora un congelamiento generalizado de precios para corregir –a posteriori– un incremento de demanda si existía la opción de haber incrementado la oferta a priori? ¿Se está evaluando el posible impacto de un congelamiento generalizado de precios en el proceso de creación de oferta? ¿Se necesitarían nuevas medidas “sobre la marcha” para poder corregir las posibles consecuencias negativas de un congelamiento generalizado de precios? Esta no es una cuestión teórica sino de probabilidad, pues, generalmente, un congelamiento de precios que no responde a un “choque” de demanda y que se prolonga por mucho tiempo, provoca efectos negativos en la economía.
  • Cuestionable visión de los efectos de un congelamiento administrativo de precios: al afirmarse que al congelar precios se está beneficiando a todos, se asume que no hay diferencia entre una decisión administrativa y la manera en que esta es “procesada” en la economía real. Si se congelan precios en condiciones de oferta limitada y con un incremento de la demanda, se produce escasez. Esa es una causalidad ampliamente aceptada en Economía. Si no se incrementa la oferta (nacional o importada), cabe esperar dos desenlaces: una escasez abierta, o medidas administrativas adicionales (producto racionado, normado, regulado, etc.). La diferencia entre ellas es en cuanto a la distribución del costo de la escasez, pero ninguna representa un beneficio para el ciudadano. La primera concentra el costo de la escasez en los más pobres y la segunda tiende a distribuir el costo (no solo en dinero) entre distintos grupos sociales, aunque no necesariamente de manera equitativa. En esas dos situaciones, es muy probable que se expanda el mercado negro.   
  • Carácter regresivo de un congelamiento generalizado de precios: El congelamiento implica el otorgamiento de un subsidio, como diferencia entre el precio congelado y el precio de equilibrio que debería derivarse del mercado, pero el nivel de subsidio por cada producto es el mismo para todos los consumidores, sin distinción de sus diferentes niveles de ingresos. Curiosamente, en un contexto de argumentos morales, apenas se menciona esta dimensión del problema, que es muy importante en cuanto al impacto distribucional de la medida, con implicaciones de justicia social.
  • Ausencia de datos para apoyar los argumentos económicos.  A pesar de las múltiples referencias hechas a la capacidad estatal para captar datos y para medir tendencias de precios, no se ofrecieron datos sobre un índice de precios al consumidor(IPC) que fuese creíble, en vez del ofrecido en la tabla 5.1 de Cuentas Nacionales del Anuario Estadístico de Cuba, que presenta unas cifras poco creíbles.

Resumiendo,

Si el argumento que desea hacerse para explicar la racionalidad del congelamiento generalizado de precios se ubica en el plano de la economía moral, entonces todavía falta un trecho para alcanzar el nivel de rigor intelectual que tal propósito necesitaría.

Las brechas en los argumentos económicos con los que se ha acompañado el razonamiento moral sobre los precios “abusivos” deben ser superadas, no solamente porque es lo que cabe esperar de instituciones estatales encargadas de la economía del país, sino porque esas fallas de pensamiento económico tienden a erosionar los argumentos de economía moral a lo que se les han asociado los razonamientos económicos.

Quedan dos preguntas cruciales por responder:

  • ¿Cuáles son las medidas concretas para aumentar la oferta (nacional o importada) y en cuales plazos deben surtir efecto?
  • ¿Cuáles son los argumentos específicos –con basamento científico- a partir de los cuales se asume ahora que puede prescindirse de la flexibilidad de los precios en el funcionamiento de la economía cubana?

Notas

1 E.P. Thompson, The Making of the English Working Class, Vintage Books, New York, 1966, https://uncomradelybehaviour.files.wordpress.com/2012/04/thompson-ep-the-making-of-the-english-working-class.pdf ; E.P. Thompson, “La economía moral de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII”. En Tradición, revuelta y conciencia de clase: estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Crítica. Barcelona.1 984, pp. 62-134; John P. Powelson, The Moral Economy, Ann Arbor University of Michigan Press, 1988;

2 Julio Boltvinik, ¿Qué es la economía moral?, en Marx desde cero, 21 de mayo 2013, https://kmarx.wordpress.com/2013/05/21/que-es-la-economia-moral/

3 ONEI. Ventas de productos agropecuarios. Indicadores seleccionados. Enero -Marzo de 2019. Edición Junio 2019. http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/ventasmercadoagrop/public_mar19.pdf

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