Los precios “estimulantes” del agro cubano: ¿tendrá razón Oscar Wilde?

El colega Silvio Gutiérrez ha respondido amablemente a los comentarios que hice en mi texto “Los “precios estimulantes” y los rendimientos del agro cubano: ¿un espejismo?”. Fueron comentarios motivados por su interesante artículo “La agradable encrucijada de incrementos de los rendimientos agropecuarios sin techo y los precios de acopio máximos”. (1) Al responder ahora, aportando nuevos comentarios, Silvio Gutiérrez ofrece datos y puntos de vista que enriquecen el debate de un tema tan importante como el de los precios de los alimentos en Cuba, algo que mucho agradecemos quienes no disponemos de información suficiente sobre el tema.

Silvio Gutiérrez concluye sus comentarios críticos a mi texto con una afirmación muy osada que me ha llamado la atención: el funcionamiento del agro cubano “se reconoce como un modelo coherente”.

Para ser preciso, la cita textual es la siguiente: “las relaciones de propiedad en el campo se corresponden con el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción socialista en Cuba y se reconoce como un modelo coherente”. (2)

Se trata, probablemente, del tipo de aseveración general que pudiera explicar, de manera sintética, las diferencias que tenemos acerca de otros puntos particulares sobre la agricultura cubana. No me queda claro quiénes pudieran estar reconociendo esa supuesta coherencia modélica, pero tengo la impresión de que no es un criterio muy ampliamente compartido.

La propia prensa oficial cubana ha utilizado titulares que poco tienen que ver con el reconocimiento a una presumible coherencia modélica de la agricultura cubana: “Producción y precios: tras las soluciones, nuevos problemas”, “Precios de los productos agrícolas: Solución muy demorada”, “Entre ley y desacato”, “A precios topados, ¿oídos sordos?”, “¿Fiar a acopio?, el otro problema de la comercialización agrícola en Cuba”, “Cuando Acopio ardió en Sancti Spíritus”, “Mercados agropecuarios (I): Escalada de los precios”, “Mercados agropecuarios (II): Eslabones torcidos”, “Cierran temporalmente el mercado mayorista El Trigal”. (3)

Tampoco parece que el entusiasmo por la coherencia modélica del agro cubano sea compartido por académicos que se especializan en el tema: “Es muy complejo centralizar los precios y aunque se han descentralizado son mecanismos con mucha burocracia de por medio, con muy poca flexibilidad“. (4)

Tres precisiones sobre lo anterior: a) no cuestiono las mejores intenciones con las que se diseñó el actual sistema de gestión de la agricultura cubana ni la capacidad técnica de los especialistas e instituciones responsables, b) las notas de prensa mencionadas –con independencia de sus titulares- presentan reportes balanceados sobre los problemas abordados, y c) considero que han sido positivas alguna de las adaptaciones que han sido tomadas sobre la marcha, con posterioridad a las decisiones adoptadas en 2015 en relación con la formación de precios del agro.

Hay una cuestión general, de carácter político, sobre el debate económico en Cuba que también deseo puntualizar. Lo hago para evitar malentendidos. Cuando se hace mención a una llamada “perspectiva externa” que supuestamente funciona en contraste respecto a “nuestro país”, pudiera pensarse –visto en la superficie- que se trata de un juicio acerca de cómo la “cercanía” del analista a un fenómeno tiende a producir distintas calidades de conocimiento. Ese ha sido un tema discutido durante mucho tiempo, en todas partes, y ya las ciencias sociales contemporáneas reconocen hoy que esa afirmación no es aceptable cuando se hace en forma de generalización. No obstante, se utiliza, en ocasiones, como un recurso descalificador en un debate.

Sin embargo, no es a ese plano -a veces asumido como “técnico”- al que me refiero. El problema directamente político consiste en que igualar la noción de una postura o visión de “nuestro país” a una postura o visión de determinados componentes de la sociedad cubana tiende a empobrecer la vida política de la nación y la calidad del debate ciudadano. La nación no comienza ni termina con sus funcionarios. Me parece muy bien que cada quien defienda sus posiciones, pero asumir que eso equivale a hablar por “nuestro país” no es correcto.  No digo que el colega Silvio Gutiérrez piense de esa manera, pero como esos términos fueron mencionados en su texto, considero que conviene dejar claro el asunto, antes de adentrarnos en los comentarios específicos.

Hay dos puntos de “apertura” de los comentarios críticos de Silvio Gutiérrez que son importantes para una discusión sobre la función de los precios en la gestión de la agricultura cubana:

–              La teoría de precios y los instrumentos prácticos que de ella se derivan para la formación de precios, y

–              La utilización de los precios para estimular los rendimientos agropecuarios

Precios y rendimientos agrícolas: ¿Errores o discrepancias?, ¿Desenfoques o enfoques distintos?,

Respecto al primer punto, Silvio Gutiérrez afirma que “se desconoce o no se considera importante reconocer la teoría y la práctica cubana en materia precios, en este caso agropecuarios. Es cierto que poco se ha escrito por los cubanos sobre estos asuntos, pero las normas jurídicas que lo regulan y son públicas en la Gaceta Oficial tienen información que pueden ser estudiadas, así como las preguntas y respuestas a especialistas y directivos en nuestro país no tienen límites ni barreras de acceso”. (5)

Aquí estamos en presencia de una información que hasta ahora desconocía –la existencia de una “teoría cubana” en materia de precios-, algo que motiva una duda de orden metodológico.

El problema es que se nos pide, por una parte, que aceptemos como válida la idea de que existe una “teoría cubana” de precios, pero, simultáneamente se aclara que muy poco se ha publicado sobre eso. Es decir que estaríamos en presencia de una paradoja: una teoría sin corpus teórico conocido, o sea, que no es reconocible la manera en que se habría plasmado la producción y organización del conocimiento respecto al tema.

El colega Silvio nos sugiere revisar la Gaceta Oficial y entrevistas de prensa realizadas a especialistas y funcionarios, sin duda una información útil y necesaria, pero que no puede ser asumida como reemplazo de la teoría. Obviamente, conozco que existen muy calificados académicos cubanos en el campo de los precios, pero es ahora la primera vez que escucho la afirmación de que existe una “teoría cubana” de precios.

Con todo respeto, hasta que no vea la evidencia concreta sobre una “teoría cubana” de precios, no veo las razones para aceptar que tal cosa existe.

Esta es una cuestión importante porque el colega Silvio Gutiérrez menciona con frecuencia supuestas lagunas teóricas en los planteamientos que he hecho. Acojo la crítica de manera constructiva, pero considero que quizás pudiera existir la convicción de parte de Silvio de que sus criterios se apoyan en una teoría incontestable, pero no definida, que supone que se expresaría en conceptos e instrumentos prácticos muy sólidos.

En ese sentido, me limito a hacer dos cordiales sugerencias:

  • Para poder criticar a otros en relación con el “desconocimiento” o “insuficiente” reconocimiento de una teoría, o la existencia de “desenfoques”, o que se cometen “errores”, o un “error capital”, o que se ha incurrido en un “dislate” conceptual, lo primero que debería quedar claramente establecido es la posición teórica de quien hace la crítica, pero como he comentado anteriormente no he tenido mucha suerte para encontrar información respecto a la “teoría cubana” de precios en la que Silvio Gutiérrez parece estar basando sus posiciones. Una mayor información sobre el asunto sería muy positiva para el debate.
  • Inclusive si se contase con una identificación clara de la “teoría” desde la que se articula la crítica (que no es el caso), en un tema como la gestión agropecuaria es más adecuado abordar –de entrada- una opinión contraria no como un “error” sino como una “discrepancia”. No tendría que ser forzosamente el resultado de un entendimiento equivocado sino de un entendimiento distinto. De hecho, los mismos datos de la realidad pueden ser entendidos en más de una forma por distintos analistas. Eso ocurre todos los días en todos los campos de las ciencias. Igualmente, no es conveniente abusar del término “desenfoque” pues la mayor parte de las veces lo que tiene lugar en un debate es el contraste de enfoques diferentes.

Obviamente, las cuestiones relativas a las teorías de precios deberían ser más discutidas en Cuba. Es, sin duda, uno de los grandes temas de las llamadas ciencias económicas. De hecho, muchas veces se equipara la “microeconomía” a la teoría de precios. Algunos de los teoremas económicos más conocidos, como el “equilibrio Walrasiano” se ubican en ese campo y algo similar sucede con algunas de las más notables “escuelas” de la historia del pensamiento económico, como es el caso de la “escuela austriaca”. Casi todos los más notables economistas han hecho aportes a la teoría de precios: Adam Smith, Marx, Jevons, Marshall, Walras, Mill, Keynes, Samuelson, Friedman, Harberger, Becker, Kalecki, Joan Robinson, Chamberlin, y Hicks, entre muchos otros. Naturalmente, este blog no es la plataforma que permite el tipo de intercambios que se necesitaría para discutir con rigor las teorías de precios.

La disponibilidad de otros métodos alternativos para la formación de precios

A diferencia de la cuestión nebulosa relativa a la “teoría cubana” de precios, lo que es posible identificar con claridad es la posición instrumental respecto a la formación de precios agropecuarios que se utiliza en Cuba y que Silvio defiende: la formación de precios por el método “basado en costos” (cost- based pricing, también conocido como markup pricing o cost-plus).

Esencialmente consiste en construir los precios a partir del costo. Se determina el costo y luego se le agregan “márgenes” que han sido establecidos de manera predeterminada. Obviamente, me he limitado a hacer una presentación muy simplificada para retener el aspecto esencial del método: es el costo lo que decide el proceso de formación del precio.

Se utiliza en muchas partes, tiene sus ventajas y desventajas, sus detractores y defensores, y no es el único enfoque que existe para la formación de precios. Otros enfoques para la formación de precios toman como punto de partida factores distintos al costo: la competencia, y el valor asignado por el cliente. (6)

La cuestión se complica cuando se toma en consideración que cada uno de los factores que pudieran servir como base de los enfoques de formación de precios –costo, competencia y valor asignado por el cliente- dan origen a un rango relativamente amplio de métodos de formación de precios:

Enfoque basado en costos:

  • Método “basado en costos”
  • Método de “meta de ganancia de inversión/ ganancia de venta” (Target return on investment ROI)/ return on sales (ROS))
  • Método de “meta de margen de contribución” (Target contribution margin- based pricing (CM))

Enfoque basado en competencia

  • Método del “precio de penetración” (penetration pricing)
  • Método del “precio del comportamiento de seguidores” (followers behavior)
  • Método del “precio acorde con el precio promedio del mercado” (according to average market price)

Enfoque basado en el valor asignado por el cliente

  • Método del “precio por valor percibido” (perceived- value pricing)
  • Método del “precio basado en el desempeño” (performance- based pricing)
  • Método del “precio por la voluntad para pagar” (willingness to pay-based pricing/ WTP)

Conociendo que el que se utiliza en Cuba es el método “basado en costos”, entonces las dos preguntas que se imponen son las siguientes:

  • ¿Es efectivo el método “basado en costos” en una economía agropecuaria como la cubana que cada vez tiende a funcionar más como un sistema productivo con diversidad de formas de propiedad y de gestión, y con mayor peso de los factores de mercado?
  • ¿Qué determina que no se haya empleado en gran escala –hasta donde conozco- un método alternativo de formación de precios agropecuarios?

Una ventaja reconocida del método “basado en costos” es su simplicidad metodológica y operativa. Tiende a asegurar un margen estable para el productor y le ofrece al regulador estatal una variable con valor conocido y relativamente estable que pudiera “manejarse”. Queda claro que es un método que es “popular” por la facilidad que ofrece para su cálculo y gestión.

Sin embargo, es un método que presenta una serie de inconvenientes puntuales, normalmente citados en la literatura sobre el tema:

  • Baja capacidad de respuesta a la demanda del mercado y a eso a lo que los economistas llaman “elasticidad” de la demanda.
  • Los costos indirectos usualmente plantean dificultades para un cálculo preciso del costo.
  • Plantea problemas respecto a la contabilización de la inversión y de sus resultados. (7)

Pero más importante que todo lo anterior es la consideración de que el método “basado en costos” conduce a precios “administrados”, es decir, son precios establecidos por una decisión administrativa que ocurre antes de que se produzca una transacción económica del producto al que se “le puso” el precio, y ese precio usualmente se mantiene relativamente invariable durante un período de tiempo.

En este punto me detengo a comentar el criterio expresado por Silvio Gutiérrez acerca de que el método utilizado toma en consideración el mercado porque al formar el precio “lo primero que se conoce es su comportamiento en el mercado, no solo de oferta y demanda, también en el mercado internacional”. (8)

Hay una diferencia entre “conocer” el precio del mercado para formar –a priori– un precio “administrado” y conocer las condiciones del mercado para intervenir en este con el objetivo de influir en los precios (regular). Aquí me atengo a un marco conceptual que creo que es distinto al que utiliza Silvio: el precio expresa, en esencia y en última instancia, la correlación de dos factores, oferta y demanda. Si lo que se desea es gestionar con efectividad esos factores, entonces deben utilizarse palancas que logren variar esos dos factores de la economía real. El precio pagado al productor pudiera ser una de esas palancas, pero su efectividad dependerá de la manera en que se diseñe y se utilice.

En ese sentido, tratar de influir en los precios agropecuarios debe basarse en una modificación –“en tiempo real”- de las proporciones entre esos dos factores (oferta y demanda) y no en emitir, a priori, ordenanzas administrativas de precios basadas en el costo. Aclaro, que esto no tiene nada que ver con la adhesión a postulados de libre mercado. Es muy distinto un precio “administrado” que un precio “regulado”. Lo primero es el resultado de un fiat administrativo apriorístico, lo segundo es el resultado de la utilización de palancas económicas. Ciertamente, ambas cosas pudieran combinarse, pero todo parece indicar que, en el caso de Cuba, hay un desbalance hacia lo administrativo.

Un punto adicional que considero importante es tomar nota de que al consumidor muy poco le importa lo que hubiera costado producir un producto. Duro, pero cierto. Es algo perfectamente verificable. Lo que le interesa al consumidor son los atributos del producto y el “valor” que le ofrece, no lo que refleja la ficha de costo de un producto.

Precios estimulantes: ¿pero exactamente para qué?

El colega Silvio Gutiérrez critica mi planteamiento acerca de lo que identifiqué como la hipótesis principal que considero que él utilizó en su trabajo anterior. Caractericé esa hipótesis de la siguiente manera: “Los “precios estimulantes” que paga la empresa de Acopio a los productores han tenido –en general- un efecto positivo sobre el incremento de los rendimientos agropecuarios en Cuba desde 2015”.

Silvio considera que se ha asumido “una tesis del trabajo que no estaba ni implícita ni explícitamente expresada”. Agrega que “el concepto que se trabajó consistió en la necesidad de modificar los precios de acopio aprobados centralmente porque algunos productos habían incrementado sus rendimientos”. Concluye anotando que “consideramos que el concepto estaba claro y no provocaba otra interpretación”. (9)

He considerado con atención este punto y reafirmo mi caracterización de lo que creo que fue la hipótesis principal del Silvio Gutiérrez. Hay dos factores en los que me apoyo: el título del texto y el contenido explícito del texto.

El título del artículo de Silvio es “La agradable encrucijada de incrementos de los rendimientos agropecuarios sin techo y los precios de acopio máximos”. Se mencionan solamente dos variables económicas: rendimientos agropecuarios y precios. Se mencionan solamente dos observaciones sobre la dinámica de esas variables: incrementos de rendimientos y adopción de un nuevo mecanismo de precios en 2015.

Como se conoce, la relación de causa- efecto entre las dos variables mencionadas (precios y rendimientos) puede operar en los dos sentidos. Por una parte, mayores rendimientos agrícolas pueden contribuir (por la vía de menores costos y de aumento de la oferta) a menores precios de consumo. Por la otra, pagarle mayores precios de estímulo al productor pudiera provocar un incremento del rendimiento pues esta sería una vía para reducir costos que le permitirían aumentar la ganancia al productor. Con un precio “administrado” que se fija a priori, cualquier reducción de costos se traduce en un incremento de ganancias.

En el caso que nos ocupa, el título del trabajo se refiere directamente a una posible relación de la causalidad del segundo tipo. Los precios de acopio máximos (precios estimulantes que se pagan al productor) funcionan como variable independiente (causa) en una relación donde la otra variable es el rendimiento. La direccionalidad inversa no es plausible, el incremento de rendimientos no tiene que conducir a mayores precios de acopio.

Entonces, si bien es cierto que el titulo no plantea explícitamente la relación que he interpretado como hipótesis principal, el título sí ofrece un marco contextual en el que la relación entre precios de acopio y mayores rendimientos puede ser entendida en una direccionalidad inequívoca: los precios de acopio deben tener un efecto en los rendimientos.

El contenido del texto confirma la apreciación que he hecho sobre la hipótesis principal. El artículo de Silvio Gutiérrez plantea que “Entre las causas de los bajos rendimientos se identificaron: la poca cultura productiva que tenían productores noveles, bajos niveles de riego agrícola, insuficiente cobertura de fertilizantes y la semilla obsoleta genéticamente, estos últimos conceptos resultado de limitaciones financieras que tiene el país y de prohibiciones de comercializar con Cuba a proveedores que han sido establecidas por el gobierno norteamericano… En la formación centralizada de los precios se consideraron todos estos elementos y se decidió estimular el incremento de la producción añadiendo a los altos costos utilidades entre un 30 y 50%”. (Nota: he agregado los subrayados. Esta cita corresponde al texto de Silvio Gutiérrez “La agradable encrucijada de incrementos de los rendimientos agropecuarios sin techo y los precios de acopio máximos”, publicado en el este blog el 17 de julio)

A diferencia del título, aquí el planteamiento es explícito: la formación de precios de Acopio es parte de una decisión centralizada para incrementar la producción que ha considerado la existencia de bajos rendimientos y que, lógicamente, intenta incrementarlos.

Pero al final, la cuestión parece ser mucho más simple. El término utilizado en el texto es el de precios estimulantes.

La pregunta ¿estimulantes para quién? se responde fácilmente: para los productores. La pregunta ¿estimulantes para qué? también se responde sin mucha dificultad: para tratar de incrementar la producción, aunque ello exige considerar varias dimensiones. Pudiera ser porque un mayor precio de Acopio estimula la incorporación de nuevas áreas de cultivo, la adición de fuerza de trabajo, y de mayores rendimientos.

El asunto es que en lo que más directamente puede incidir un precio estimulante es en el incremento de los rendimientos. En principio, pudiera ocurrir sin necesidad de agregar más insumos productivos ni mano de obra, simplemente en forma de incremento de la intensidad del trabajo. Se conoce que la medida de 2015 incluyó otros componentes (aseguramiento relativo de insumos, créditos, etc.), pero lo que trato de resaltar es la conexión directa que puede existir entre los precios de estímulo y los mayores rendimientos.

En realidad, no entiendo bien la razón por la que Silvio Gutiérrez trata de distanciarse de esa hipótesis, pues es aceptable. De hecho, si no se la hubiese planteado hasta ahora como hipótesis explícita, debería considerar hacerlo . Sería muy apropiado tratar de analizar su posible validez.

El problema que indiqué anteriormente respecto a esa hipótesis no es que fuese ilógica, sino que no había sido validada empíricamente.

Algunas precisiones puntuales

  • Precios estimulantes de Acopio y precios minoristas. Silvio critica mi opinión de que los precios de acopio estimulantes pudieran tener efectos alcistas en los precios minoristas de los productos agropecuarios. Ha afirmado que eso es “todo lo contrario a la realidad”. Eso produce cierta perplejidad porque, en una ocasión anterior, el propio Silvio Gutiérrez parece haber afirmado exactamente lo mismo que he expresado: “Los precios de compra al sector campesino son altos e inciden en que también los de venta minorista a la población sean elevados” (10)
  • La dualidad monetaria y cambiaria y los precios agropecuarios. Silvio Gutiérrez plantea que “somos del criterio que el nivel de precios se incrementó de manera apreciable en el período especial, con la crisis aguda en el país por el recrudecimiento del bloqueo del gobierno de Estados Unidos y el abrupto desenlace de los países socialistas en Europa que exigió la aceptación de más de una moneda de curso oficial en el país”. Hago la observación de que quizás sería adecuado considerar que nada “exigió” el establecimiento de la dualidad monetaria y cambiaria en Cuba. No discuto aquí si fue la opción más apropiada en aquella coyuntura o si su prolongación excesiva se justifica. Lo que deseo destacar aquí es esa “solución” fue una entre varias opciones. En economía siempre hay más de una alternativa.
  • La necesidad de utilizar el análisis cuantitativo en la evaluación de las medidas relativas a la formación de precios. El colega Silvio Gutiérrez considera como un “dislate” mi opinión de que “el proceso de validación de la hipótesis de que los “precios estimulantes” pagados por Acopio a los productores agropecuarios desde 2015 tiene un efecto positivo en los rendimientos debe incluir procedimientos que permitan constatar tanto la existencia de un tipo específico de relación entre esas variables (una correlación positiva) como el esclarecimiento acerca de que los mayores rendimientos fuesen el efecto de esos “precios estimulantes” (una relación de causalidad)”. En mi modesta opinión lo que es problemático es asumir que política actual de precios de Acopio es adecuada si esta no se evalúa de manera rigurosa, incluyendo la utilización del análisis cuantitativo. A mí me parece muy bien que se utilicen “conceptos” y datos aislados, pero eso dista mucho de ser un análisis aceptable. Mi humilde sugerencia es que, si los funcionarios encargados no se han planteado esta cuestión, quizás deberían empezar a considerarla. Pero a lo mejor ya lo han hecho y no se ha informado públicamente.
  • Oferta, salario y los precios del consumidor de los productos agropecuarios. Concordamos en que el nivel promedio de los precios de consumo de los productos agropecuarios sigue siendo muy superior al poder adquisitivo de la mayor parte de la población, sobre todo cuando la fuente de ingresos es el salario estatal. También coincidimos en que el promedio de ese tipo de salario ha crecido en los últimos años, pero aquí conviene anotar que la información pública se refiere a salarios nominales y no a salarios reales, ajustados a la inflación, por lo que el incremento real de los mismos es menor que el nivel que sugieren las cifras divulgadas. Me ha llamado la atención la anécdota sobre la explicación que se le ofrece a los estudiantes respecto a que es preferible “que se incrementen los salarios antes de disminuir los precios”, algo que me parece muy positivo como aspiración, pero que poco tiene que ver con el mecanismo de formación de los precios estimulantes de Acopio. El nivel de salario es una variable sobre la cual la posibilidad de acción directa del Ministerio de Finanzas y Precios –por sí mismo- es muy limitada. No ocurre así con la formación de precios. El problema del nivel de demanda de Cuba no es que no pueda ser satisfecho debido a que la oferta se enfrente a altos niveles de utilización de capacidad, sino que se la oferta no logra ser incrementada en condiciones de una relativa baja utilización de capacidades. El caso de la agricultura cubana es un buen ejemplo de lo anterior.
  • Las empresas de Acopio y los subsidios estatales. Se afirma que “las empresas de acopio al cierre del 1er semestre de 2018 terminaron sin pérdidas”, pero eso no significa que dejarían de recibir los subsidios conocidos como en Cuba “transferencias a la actividad empresarial estatal para subsidiar la exportación y la sustitución de importaciones”. El colega Silvio considera que insisto en que las empresas de Acopio son altamente subsidiadas y dice que “no se precisa que esto ocurre solo en los productos con destino a la exportación, ventas internas en divisas y muy pocos del mercado normado”. Aquí tenemos un problema. Los datos públicos no concuerdan con esa afirmación, pero pudiera ser que Silvio Gutiérrez disponga de datos mejores. En cualquier caso, comparto los datos de acceso público: del total de 14 465 millones de pesos, identificados en el presupuesto de 2017 como “transferencias a la actividad empresarial estatal para subsidiar la exportación y la sustitución de importaciones” (casi la cuarta parte del gasto presupuestario del país), se conoce que el destino de dos tercios de ese monto se dirige hacia el agro. A continuación, se mencionan algunos productos y su nivel de subsidio (en millones de pesos): Azúcar crudo (3 575,5), carne de cerdo (2 765,9), arroz (1 497,2) frijol (947,6), y leche fresca (871,2). Todos esos productos se destinan al consumo interno, incluyendo el mercado normado. La única excepción relativa es el azúcar, pero con los bajísimos niveles de producción actual, el país pudiera estar consumiendo el equivalente del 60% al 70% del volumen de azúcar producido. (11)
  • Restricciones de divisas y producción agropecuaria. Me ha llamado la atención la afirmación del colega Silvio Gutiérrez acerca de que “no coincido totalmente que las limitaciones del país en el financiamiento en divisas sea lo decisivo porque los créditos tienen la garantía de las ventas internas y las exportaciones en una agricultura de productores diestros y optimistas”. Ciertamente, la utilización del término “totalmente” matiza el posible desacuerdo que pudiera existir, pero me parece conveniente resaltar que en las condiciones de una pequeña economía insular “abierta”, la restricción de divisas es crucial. Al no poder cerrarse endógenamente el proceso productivo, las exportaciones netas cumplen una función central en la reproducción de la economía. De hecho, la existencia de restricciones financieras ha sido un factor frecuentemente destacado en meses recientes por el gobierno cubano.

Una nota final

Se le atribuye al escritor Oscar Wilde haber dicho que “un economista es alguien que conoce el precio de todo y el valor de nada”.

Espero que, para beneficio del consumidor cubano, Oscar Wilde se haya equivocado.

 

Notas

1 Silvio Gutiérrez se refiere al análisis que presenté en mi texto “Los “precios estimulantes” y los rendimientos del agro cubano: ¿un espejismo?”, blog El Estado como tal, 18 de julio de 2018,  https://elestadocomotal.com/2018/07/18/los-precios-estimulantes-y-los-rendimientos-del-agro-cubano-un-espejismo/ en el cual comenté su texto “La agradable encrucijada de incrementos de los rendimientos agropecuarios sin techo y los precios de acopio máximos”, publicado en el blog El Estado como tal, 17 de julio de 2018,  https://elestadocomotal.com/2018/07/17/silvio-gutierrez-la-agradable-encrucijada-de-incrementos-de-los-rendimientos-agropecuarios-sin-techo-y-los-precios-de-acopio-maximos/

2 Silvio Gutiérrez, “Siete errores y de ellos, uno capital”, El Estado como tal, 31 de julio de 2018 https://elestadocomotal.com/2018/07/31/silvio-gutierrez-siete-errores-y-de-ellos-uno-capital/

3 István Ojeda Bello, “Producción y precios: tras las soluciones, nuevos problemas”, Periódico 26, 15 de febrero de 2017, http://www.periodico26.cu/index.php/es/especiales/item/1262-produccion-y-precios-tras-las-soluciones-nuevos-problemas ; Ana Margarita Garcia, “Precios de los productos agrícolas: Solución muy demorada”, Trabajadores, 10 de enero de 2016 http://www.trabajadores.cu/20160110/precios-de-los-productos-agricolas-solucion-muy-demorada/ ; Laura Brunet Portela, “Entre ley y desacato”, Juventud Rebelde, 10 de febrero de 2018; http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2018-02-10/entre-la-ley-y-el-desacato ; Orlando Fombellida Claro y Sara Sariol Sosa , “A precios topados, ¿oídos sordos?”,  La Demajagua, 17 de enero de 2017, http://lademajagua.cu/precios-topados-oidos-sordos/ ; Yaidel M. Rodríguez Castro, “¿Fiar a acopio?, el otro problema de la comercialización agrícola en Cuba”, 19 de marzo de 2018, Cubadebate, http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/03/29/fiar-a-acopio-el-otro-problema-de-la-comercializacion-agricola-en-cuba/#.W2CK3rp9haQ ; Alex Sánchez, “Cuando Acopio ardió en Sancti Spíritus”, Cubadebate, 5 febrero de 2018; Lilian Knight Álvarez y Delia Reyes García, “ Mercados agropecuarios (I): Escalada de los precios”, revista Bohemia, 18 de febrero de 2018 http://bohemia.cu/en-cuba/2018/02/escalada-de-los-precios/ , Lilian Knight Álvarez y Delia Reyes García, “Mercados agropecuarios (II): Eslabones torcidos”, revista Bohemia, 19 de febrero de 2018 http://bohemia.cu/en-cuba/2018/02/eslabones-torcidos/ ; “Cierran temporalmente el mercado mayorista El Trigal”, Cubadebate, 13 de mayo de 2016 http://www.granma.cu/cuba/2016-05-13/cierran-temporalmente-el-mercado-mayorista-el-trigal-13-05-2016-12-05-35

4 István Ojeda Bello, “Producción y precios: tras las soluciones, nuevos problemas”, Periódico 26, 15 de febrero de 2017, http://www.periodico26.cu/index.php/es/especiales/item/1262-produccion-y-precios-tras-las-soluciones-nuevos-problemas

5 Silvio Gutiérrez, “Siete errores y de ellos, uno capital”, El Estado como tal, 31 de julio de 2018 https://elestadocomotal.com/2018/07/31/silvio-gutierrez-siete-errores-y-de-ellos-uno-capital/

6 Stephan M. Liozu, “A Reality Check on Cost-Based Pricing Versus Value-Based Pricing”, The Journal of Professional Pricing, Second Quater 2017.

7 Kain, Shawn M. and Rosenzweig, Kenneth Yale, “The Pricing Decision: Balancing the Cost-Based and Market-Based Approaches in Different Industries”. The Ohio CPA Journal, August 1992, Vol. 51, No. 4.

8 Silvio Gutiérrez, “Siete errores y de ellos, uno capital”, op. cit.

9 Ibidem.

10 Lilian Knight Álvarez y Delia Reyes García, “Mercados agropecuarios (II): Eslabones torcidos”, revista Bohemia, 19 de febrero de 2018 http://bohemia.cu/en-cuba/2018/02/eslabones-torcidos/

11 Granma http://www.granma.cu/cuba/2017-02-02/el-costo-de-un-presupuesto-humanista-02-02-2017-20-02-34

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