JUAN TRIANA. Ejercer la Economía sin pedir permiso

Nota recibida del Dr. Juan Triana (8 de octubre de 2018)

Como sabes solo participo en esto de los blogs de forma muy excepcional, entre otras cosas porque dedico mi tiempo a mis clases, a mi labor de enseñar a pensar a mis estudiantes y como desde hace solo 44 años lo hago, pues me parece que aún me falta mucho que aprender para poder trasladar a mis estudiantes ese bichito tan necesario de la inconformidad y la pasión por investigarlo todo y no conformarse con lo que les dicen. Descubrí mi vocación por la enseñanza siendo un estudiante de la Facultad de Economía y aún sigo experimentando la misma sensación de inseguridad y nerviosismo cuando me paro por primera vez frente a un nuevo grupo ya sea que imparta Historia del Pensamiento Económico Universal o Economía Cubana, o lo que sea.

Decidí por Cuba de manera consciente a la edad de 15 años cuando después de haber estado en el calabozo de mi pueblo de más de una bronca con la policía, debido a mi pelo largo y a mi afición por la música en inglés (Beatles, Rolling, etc, etc) y la Nueva Trova (nada terrible, solo la perreta propia de esa edad y las ganas de que no me jodieran con el pelito), me fui con el otro grupo de mis amigos para la Zafra del 70 y no para Estados Unidos. Esa fue mi primer acto realmente consciente con relación a la Revolución y a mi vida futura. Por esa afición y quizás por mi lengua a veces muy aguda, tampoco fui de la UJC hasta casi el final de mi vida de estudiante universitario, de lo cual, para nada me arrepiento. De hecho, en la Universidad, desde primer año, me pusieron en un programa de reconversión que se denominaba Plan de Trabajo Ideológico, vaya que estaba” diversionado” yo. Igual empecé a impartir docencia de Filosofía Marxista y de Pensamiento Económico en tercer año de la carrera, a pesar de esa deformación, cosa bien rara y mira tú que feliz he sido.

En todo este tiempo que he tenido la inmensa alegría de ser Profesor, no es esta la primera vez que  me cuelgan calificativos como el que utilizó el Dr. Carlos García, pasó igual cuando se tomó la decisión de cerrar los Mercados Libres Campesinos, medida que critique públicamente desde el aula y en mi núcleo del Partido, en todo caso esa vez tuve la inmensa satisfacción de poder oír los criterios de aquellos que discrepaban de mi posición, casi todos ellos siguen siendo hoy mis compañeros, casi todos aplaudieron la apertura de los mercado agropecuarios, diez años después.

En el transcurso de todos estos años ha pasado más de una vez, también cuando, a inicios de los noventa, sostuvimos que los precios impuestos en las TRD a los productos de primera necesidad eran regresivos y contribuían negativamente a la equidad y a la justicia social. Pasó muy parecido en la discusión de mi tesis de Doctorado cuando argumenté las razones esenciales que me llevaban a afirmar que la crisis que vivimos en los noventa eran estructurales y respondían en buena parte a políticas económicas equivocadas, más que a la debacle soviética.  Por cierto, el Dr. Carlos García fue uno de mis oponentes, cierto que el tribunal me aprobó por unanimidad. Y también en un artículo mío, allá por el 2003 o 2004 creo, en el que intentaba exponer porque se debían extender las formas cooperativas a otros sectores y ampliar el trabajo por cuenta propia.

Soy de los que pienso que la mejor manera de ayudar a mi país, a nuestro pueblo del cual formo parte, a la Revolución que inició Céspedes y fomento el Padre Varela desde muchos años antes y el maestro Mendive años después, y que culminó Fidel y la generación del Centenario, es ser crítico con lo que hacemos, incluso cuando nos duela, y honesto y preciso desde las ciencias que dominamos al exponer nuestros criterios. He tratado de serlo, a veces lo he conseguido mejor y otras apenas he alcanzado la meta, pero no he dejado de intentarlo.

Tengo la satisfacción de haber trabajado con compañeros magníficos. Hoy junto a ellos, mi Centro puede exhibir al menos cinco Premios de la Academia de Ciencias de Cuba otorgados a libros que tratan desde posiciones muy críticas los asuntos de la economía nacional y varios premios universitarios. Soy un eterno deudor de todos mis colegas. Gozo además de disfrutar de otras muchas amistades, entre ellas, la tuya.

Pero quien escribe y publica debe estar presto a que lo critiquen e incluso debe agradecer esa crítica pues seguro, si la entiende bien, aprenderá de ella, aun cuando esa crítica sea “ofensiva” en términos personales. Yo, al menos lo estoy, incluso cuando como en este caso, lo que se escribió sea tan desatinado desde cualquier ángulo. Te adelanto que me enteré del escrito del Dr. Carlos García porque alguien me lo envió y le dediqué no más de dos minutos y una sonrisa. Luego vi tu respuesta. Decía mi abuelo que el hombre es esclavo de lo que dice (o escribe) y soberano de lo que calla. En realidad, siento pena por el Dr. Carlos García, por este incidente que tan mal lo deja, pero para nada siento rencor hacia él.

Es magnífico que gracias a la tecnología y al acceso a Internet, mismo que por tanto tiempo se consideró por las autoridades cubanas como una gran amenaza y se limitó su acceso, los cubanos, Doctores en Economía o en otra cualquier cosa o no doctores, sino gente normal, esas gentes que hacen a nuestro país una especia de maravilla, puedan participar en todos estos debates y puedan exponer sus opiniones sin ningún tipo de cortapisas o coacción. Cuba se hace más fuerte cuando sus gentes pueden establecer ese tipo de diálogo, sin lugar a dudas. Esconder las debilidades solo las hace crecer. Ignorar las discrepancias o lo que es peor tratar de enterrarlas en el agujero negro de la censura, solo conduce a conflictos peores, pues aplaza las soluciones en el momento adecuado y fortalece las causas de esos problemas.

Pienso que, en esta Cuba de hoy, que es ya diversa de por sí y lo será aún más, la tarea más importante es encontrar el “mínimo común múltiplo”, y no intentar una y otra vez multiplicar el “máximo común divisor”. Algo de esto escribí una vez en On Cuba, que, por cierto, para algunos (escribir en On Cuba) es otro de mis pecados.

Hoy pienso que, para Cuba, como en el siglo XIX, la independencia es lo primero, sin independencia no habrá país y sin país no habrá socialismo u otro cualquier “ismo” que podamos crear como alternativa viable al capitalismo globalizado. Y la independencia pasa por nuestra fortaleza económica, aunque no sea la único. Fidel Castro nos desveló un día una verdad terrible, que aun queriendo ser socialista éramos dependientes, lo hizo en un discurso memorable. Para algunos fue una verdad sobrecogedora, sin embargo, ahí estaban las cifras, los datos que no dejaban lugar a dudas y que durante mucho tiempo todos nosotros intentamos mirar de otra manera.

A ti te agradezco infinitamente demostrar cuan alejado de la verdad y cuan desatinada estuvo esa “nota para el otro amigo” que escribiera el Doctor Carlos García. A veces cuando se escribe por encomienda ocurren esas cosas. Triste, pues como el dice, nos conocemos hace muchos años y yo estaba mucho más al alcance de él por un teléfono, que a través de un texto escrito por encargo para un blog. Nada tengo que perdonarle ni disculparle pues en realidad no me sentí aludido, aun cuando fue sobre algo que yo había escrito.

Hace muchos años que aprendí a distinguir el grano de maíz de la paja que lo envuelve, eso me mantiene en Cuba, feliz de ser quien soy, de escribir y expresarme sin miedo, pero dispuesto a resistir mucha más críticas y opiniones a veces dichas con demasiada ligereza o demasiada mala intención. Escribo sobre economía porque soy economista y profesor   y porque soy cubano, y porque es un derecho que tengo, no porque me lo de ninguna constitución, sino porque es mi derecho y lo ejerzo sin pedir permiso, pues no tengo que hacerlo. Eso sí, lo hago desde el amor a mi país, desde el respeto a los que hoy tienen la difícil tarea de llevar a buen término aquella “carga al machete” que Rubén pidió.  He intentado, llamar la atención a lo que he considerado decisivo, urgente, estratégico para mi país, intento hacerlo con datos, pues pienso que es mi manera de contribuir a esa tarea.

Los economistas debemos hablar con datos, aun cuando no nos guste lo que esos mismos datos nos están diciendo. Debemos intentar ir a las causas verdaderas de los fenómenos que estudiamos y debemos ser suficientemente honestos para, si logramos descubrirlas, mostrarlas, aun cuando pueda ser costoso en el orden personal. Conformarnos con justificaciones, encriptar la realidad en códigos que satisfacen determinados intereses establecidos, no nos hace ni mejores economistas ni mejores revolucionarios. No he tenido nunca la vocación de recibir palmaditas en el hombro.

Tengo el placer y el privilegio de tener magníficos amigos y colegas, tú entre ellos y haber visto crecer más de una generación de nuevos profesores de economía muy buenos, mucho mejor preparados que yo y también muy comprometidos con Cuba, nada mejor que eso.

Pero mientras algunos emborronan cuartillas con quejas y acusaciones, en la búsqueda del enemigo oculto, nuestra economía mantiene una tasa de crecimiento muy alejada de la necesaria, la formación bruta de capital es de las más bajas de A. Latina, la brecha tecnológica que nos separa de las economías avanzadas se ensancha, apenas una fracción mínima de los flujos de capitales que llegan a América Latina llega a Cuba, la deuda de corto plazo compromete el esfuerzo de crecimiento y lo ahoga, el déficit fiscal alcanza proporciones insostenibles, la emigración de fuerza de trabajo calificada en especial de jóvenes compromete estratégicamente nuestro futuro y el salario se convierte en un complemento de otros tipos de ingreso y también para nuestra desgracia los pobres crecen y no exactamente porque hayan más ricos en Cuba. A estos problemas en realidad es a lo que deberían dedicarse esas cuartillas. Pero pareciera que, para algunos, estos no son problemas decisivos.

Te reitero mi agradecimiento a ti, a los que me entusiasmaron y me pidieron que escribiera bien mis comentarios sobre las famosas manzanas, a Silvio que amablemente ofreció su blog y al resto de las personas que de alguna u otra forma me han manifestado su respaldo.

Te confieso que nunca pensé que un simple trabajo sobre un hecho puntual causara tanta algarabía, no era esa mi intención.

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