Joaquín Benavides, Julio Carranza y Pedro Monreal: observaciones estimuladas por los comentarios de Humberto Pérez a los artículos de Omar Everleny Perez acerca de la devaluación y los precios en Cuba

Observaciones de Pedro Monreal. 8 de marzo de 2020

Estimado Humberto,

Sobre la posibilidad de impedir que la devaluación se manifieste en forma de elevación de precios de los productos regulados mediante un manejo compensado del efecto diferenciado que tendría la devaluación en los ingresos de diversos tipos de empresas, veo dos problemas:

  • Es improbable que el efecto de la devaluación sobre las empresas genere déficits de ingresos en unas y superávits de ingresos en otras que puedan ser compensados -con fines de subsidiar consumo- por la vía de la gestión de un superávit de balanza de pagos que ya ni siquiera es suficiente para generar los ingresos que se necesitan para pagar deudas y para contribuir a la inversión. Las empresas “afectadas” serán aquellas que presenten un “descalce cambiario”, es decir, que sus deudas en pesos convertibles y divisas sean superiores a sus activos en esas monedas. La devaluación modificaría los recipientes de los subsidios que hoy ya existen debido a la distorsión cambiaria, pero la cuestión es precisamente si tendría sentido ofrecer subsidio a un grupo de empresas que a partir de la devaluación serían irremediablemente irrentables.
  • El segundo problema es que se asume que el incremento de precios de consumo debe ser evitado porque es negativo. Sin embargo, un incremento de precios no sería negativo si formase parte del establecimiento de condiciones realistas de funcionamiento de la economía.

Aquí lo central es identificar la principal causa de las tensiones inflacionarias en Cuba.

No digo nada nuevo cuando afirmo que la evidencia parece indicar que, en esencia, esas tensiones inflacionarias se generan en un déficit de oferta, que se debe en alto grado -aunque no únicamente- a la carencia de respuesta de oferta de las unidades productivas.

Ello ocurre, entre otras cosas porque existe un sistema económico con inelasticidad de precios respecto a la demanda, es decir, la demanda no reacciona a las variaciones de precios. En otras palabras, la elasticidad de precios no funciona como un “espejo” de las condiciones productivas.

Este punto es crucial para abordar la devaluación en Cuba pues llevar la tasa de cambio oficial actual (1:1) a una tasa de cambio de equilibrio (mediante una devaluación) no solamente modifica la medición económica ni los equilibrios macroeconómicos (por su eventual impacto en exportaciones e importaciones), sino que modifica los parámetros de producción.

Una devaluación tiende a reducir o eliminar las actividades económicas internas cuyos precios relativos no las hacen competitivas en el contexto de la especialización internacional del trabajo, a la vez que “premia” las actividades cuyos precios relativos las hacen competitivas.

La devaluación pudiera ser positiva si contribuyese a establecer un sistema económico en el que los precios reflejen las condiciones de producción y en el que las unidades productivas pueden responder a las señales de precios, aumentado la oferta cuando existe demanda, y viceversa.

Lo anterior no niega la posibilidad de establecer precios administrativamente, cuando ello estuviese justificado y siempre que no fuese un proceso generalizado. Lo mismo vale para “topar” y para controlar precios.

La idea de que pudiera llevarse a cabo una devaluación sin que se modificasen los precios minoristas es problemática. Obviamente, existirá una tendencia hacia un traspaso de la devaluación hacia los precios, el cual se produciría de manera diferenciada según los tipos de productos y servicios.

Ese nuevo nivel de precios minoristas (impactados por una devaluación) estaría reflejando condiciones económicas más realistas que las actuales. Por tanto, esos nuevos niveles de precios, lejos de ser obstaculizados, deberían ser favorecidos. También debe ser favorecido un sistema que ofrezca flexibilidad para hacer ajustes frecuentes de precios.

Obviamente, un incremento generalizado de precios afecta al consumidor “promedio” si no se produce un incremento del ingreso promedio. Afecta al consumidor “pobre” incluso cuando crece el ingreso promedio.

Es decir, se trata de una gestión que en modo alguno debe ser percibida como un asunto exclusivamente económico, sino que debe incluir simultáneamente varios planos: el económico (racionalidad técnica), el social (equidad social y humanismo) y el político (estabilidad). 

Hay varias opciones para gestionar el problema. Me concentro en una de ellas.

Una opción pudiera ser un incremento de salarios y pensiones combinado con subsidios focalizados en determinados grupos sociales en situación de “riesgo”.

Aquí hago un aparte: no queda claro si la información sobre eventuales crecimientos de precios que anda circulando en las redes y que menciona Everleny es verídica, pero de todas maneras ofrece una oportunidad para considerar hipotéticamente cómo funcionaría la opción que he mencionado antes.

En lo que se refriere estrictamente a los precios, las tablas que circulan son técnicamente aceptables en el sentido de que combinan dos procesos que muchos economistas hemos estado defendiendo: la adopción de una tasa de cambio realista que se refleje en los precios internos, y la eliminación de subsidios generalizados a determinados productos.

La información que no se conoce en relación con esas tablas es la relativa a los salarios/pensiones y a los subsidios, pero si se asumiera que crecen los salarios/pensiones y que se adopta algún mecanismo de subsidio focalizado, entonces se estaría en presencia de una variante de gestión del incremento de los precios de consumo.

En síntesis:

  • Incrementarían los precios de consumo de la canasta básica familiar y de otros precios, reflejando tanto el efecto de la devaluación como el déficit de oferta.
  • Se eliminarían los subsidios universales a un grupo de productos y se “monetiza” ese subsidio, agregándolo a los salarios/pensiones (implicaría un incremento del dinero en circulación).
  • Se adoptaría un sistema alternativo de subsidios focalizados para determinados grupos sociales.

Sin embargo, esa opción de política económica no funcionaría en caso de que no operasen al menos dos condiciones básicas:

  • Los actores económicos deben ser capaces de ofrecer respuestas de oferta a partir de las señales de precios.
  • Se establecen medidas macroeconómicas para compensar la “monetización” del incremento de precios en el monto de los salarios (por ejemplo, reduciendo la demanda agregada en otras partes del sistema).

Donde lo veo muy complicado es respecto a que los actores económicos sean capaces de ofrecer respuestas de oferta. Esa no es hoy una característica del sistema económico cubano. Ese es un “buey” que debe ir delante de la carreta de la devaluación.

Devaluar una moneda (que en principio debería rentabilizar la producción nacional) no tendría sentido si las unidades productivas no tienen condiciones para proporcionar una respuesta de oferta. Aquí el inventario de “trabas” puede ser muy grande. Me limito a señalar dos: falta de incentivos y deficiente asignación de recursos.

El sector privado -fundamental- para la producción de alimentos, que es donde más urge una respuesta de oferta (pues produce “bienes de salario”) tiene déficits en ambos factores.

El sector estatal -que es el mayor de la economía- tiene déficits muy grandes de incentivos y aunque se asignan recursos en mayor cuantía que cualquier otra forma de propiedad y de gestión nacional, parece tener un problema con la eficiencia en la asignación de recursos. Se prioriza la exportación y la sustitución de importaciones por encima del efecto en la productividad, y se concentra desproporcionadamente la inversión en un sector (turismo) con crecientes dificultades para rentabilizar la inversión.

Son algunos elementos sobre el tema.

Un abrazo,

Pedro

Observaciones de Joaquin Benavides. 8 de marzo de 2020.

Estimado Pedro:

Como ya le argumenté a Humberto, para mí lo más importante es que el comienzo del cambio no demore más. El nivel de incertidumbre, de ansiedad y de confusión es muy grande y se puede convertir en peligroso, sobre todo para la imprescindible credibilidad que debe mantenerse en la capacidad y competencia del gobierno para cumplir los cambios ya anunciados.

A nivel de la calle, por lo menos en la Habana, todos están esperando que comience el proceso de cambios. Detener el proceso para continuar discutiendo, en mi opinión. puede ser políticamente desastroso. Estoy convencido que la mejor decisión sería comenzar con la devaluación si fuera posible el primero de abril adoptando la tasa que más convenga para la estabilidad macroeconómica. Y junto a ello, porque ya lo está esperando la población a partir de las filtraciones públicas o no públicas que se han venido produciendo proceder a cambiar, en dos o tres meses, como sugiere Humberto, todos los CUC en manos de la población por CUP a la tasa de 24 CUP por 1 CUC.

Estoy de acuerdo con tu opinión de que el principal problema que se va a presentar será con la oferta, en primerísimo lugar, de productos alimenticios.

Coincido también contigo en que una modificación de los precios minoristas, que sería imprescindible, conllevaría la necesidad de una elevación consecuente de los salarios, las pensiones y las compensaciones a los menos favorecidos. No pensaría por ahora en una Reforma salarial. Ese es un proceso complejo técnicamente y debe venir después en las empresas estatales ya estabilizadas.

En mi opinión, en estos momentos la única posibilidad realista de poder incrementar la oferta de bienes de consumo, radica en primer lugar en la producción privada y cooperativa del sector agrícola, liberándola en primerísimo lugar de los topes de precios. Este es una de los errores más graves que se han cometido en los últimos tiempos. Si hay que subsidiar precios a la población más necesitada, no pueden ser los productores quienes subsidien, sino el presupuesto del estado.

En segundo lugar, promulgar una Ley de PYMES y facilitar que el sector privado que vive en Cuba y además el que vive en el extranjero y lo desee, pueda invertir en el País. No es toda la solución, pero es la que puede ser decisiva para ganar el tiempo necesario hasta que las empresas estatales puedan asimilar los profundos cambios y asumir su papel principal en el desarrollo económico.

Por ultimo insisto en lo que ya manifesté a Humberto: lo decisivo debe ser no demorar más y comenzar los cambios. Lo mejor que podemos hacer nosotros, a los cuales no nos han consultado previamente, y que hemos estado durante años proponiendo ideas y variantes de soluciones, es darle nuestro apoyo crítico a la decisión que el Gobierno adopte. Es mucho lo que está en juego, y no solo en la economía.

Un fuerte abrazo,

Benavides

Observaciones de Julio Carranza. “La Reforma monetaria y lo que se viene”. 8 de marzo de 2020

El reciente análisis hecho por Humberto y Pedro sobre la reforma monetaria en curso, diferencias incluidas, es excelente y oportuno.

Joaquin, yo estoy muy de acuerdo contigo en dos cosas fundamentales, la necesidad de actuar rápido y la necesidad de medidas que acompañen la reforma monetaria de manera que actúen positivamente para el aumento de la oferta, en primer lugar, de alimentos, pero no solo de alimentos. Esa es esencia del problema y no se puede resolver exclusivamente con medidas monetarias.

El potencial impacto inmediato de la reforma monetaria sobre los precios no tiene que ver fundamentalmente con el efecto de esta sobre la población, con la sugerencia de Humberto del cambio inmediato y obligatorio de 1 CUC por 24 CUP, se ganaría tener ya una sola moneda nacional y no se incrementaría la demanda notablemente por ese concepto puesto que ya de hecho, 1 CUC es como un billete de 24 CUP, (una necesaria revaluación del CUP frente a las divisas debería venir un tiempo después, cuando la dinámica económica haya mejorado la oferta, en ella habría también una fuente adicional de recursos para, entre otras cosas, financiar la política social) obviamente, es la devaluación del CUP para las Empresas estatales las que producirían ese efecto inmediato sobre los precios (ver una lista de precios que se circula, que, como dice Pedro, si no fuera oficial, no es tampoco irracional, sirve como referencia de lo que debe venir), una parte importante de estas empresas podrían quedar cuasi quebradas si el incremento de los costos que les significa la devaluación no se compensa con un incremento de los precios que permita recuperar relativamente sus ingresos. Visto así, esos precios los pagarían quienes puedan pagarlos, o sea no la mayoría de la población con los efectos sociales y políticos que eso implica.

Es interesante la consideración de Humberto (según la entendí, lo leí muy rápido) de, en ese escenario, un subsidio temporal y compensatorio a las empresas con déficits sobre todo a aquellas cuya producción y/o servicios sea imprescindible, sin embargo, si algo más no se mueve esos subsidios se eternizarían una vez más provocando y agravando todos los desequilibrios financieros que ya conocemos.

La economía cubana necesita un ajuste serio (lo cual incluye eliminar empresas permanentemente ineficientes) y el desafío es hacerlo con los menores costos sociales y políticos posibles, cómo se dice por ahí “no es fácil”, pero habría que añadir “pero no hay de otra”.

Obviamente hay muchas cosas que se pueden hacer (Humberto se extiende en eso de manera muy ordenada) pero tienen que formar parte de una concepción integral del proceso, entre ellos los subsidios bien focalizados (a personas y a empresas), el apoyo temporal a empresa que pueden transitar con cierta rapidez a situaciones de rentabilidad y también el manejo administrativo de algunos precios, pero con decisiones muy precisas y en la mayor parte de los productos de manera temporal (siempre habrá algunas a las que habrá de mantenérsele el subsidio por diversas razones, pero deben ser las mínimas y muy justificadas). El mercado debe funcionar y funcionar bien, con las regulaciones necesarias en una economía social como la cubana, pero funcionar. Hoy prácticamente no hay mercado.

Las empresas estatales (con las salvedades dichas) deben estar en ese mercado y sometidas a sus restricciones e incentivos (repito para que no se entienda mal, con las salvedades dichas). Por ejemplo, una ley de bancarrota que funcione me parece fundamental, para regular bien ese proceso.

Habría que ver cuántas empresas cubanas pudieran mantenerse competitivas en términos internacionales con el ajuste y cómo podría esto impactar en la balanza de pagos. Seguramente ciertas medidas proteccionistas serán necesarias, pero no para eternizarlas, sino como parte de un proceso a la rentabilidad y la competitividad, pero, cómo hemos dicho, eso supone integralidad en la reforma, un sistema de incentivos positivos y negativos y un nivel de autonomía de las empresas estatales que les permita responder interesadamente a las señales del mercado en el contexto de una planificación más indicativa y flexible, insisto con las salvedades expresadas.

La existencia del bloqueo es obviamente una condición que dificulta la respuesta productiva de las empresas a las señales que reciban del mercado, pero hay una cantidad de factores que se pueden activar para reducir el impacto de este, en primer lugar la autonomía empresarial y la disminución de la burocracia sobre todo en las OSDEs (no me refiero solo a la reducción de personal, también a la eliminación de intermediaciones innecesarias que mediatizan el proceso, el tiempo y la racionalidad de las decisiones económicas) También es fundamental una política inversionista más realista, diversa y con efectos más inmediatos, incluida, obviamente, la inversión extranjera.

Un punto esencial es la integración dinámica del sector privado al sistema económico nacional, sobretodo en la producción de alimentos, pero no solo ahí. La creación de las PYMEs con personalidad jurídica, de los mercados mayoristas, de la posibilidad de realizar operaciones directas de comercio exterior (con los controles del caso), la creación de un mercado de capitales y de medios de producción (regulados por el estado) son imprescindibles. Es el sector no estatal quien además puede asimilar el exceso de fuerza de trabajo subempleada en el sector estatal y que es una de las causas (no la única) de su persistente ineficiencia. Para que el sector estatal juegue adecuadamente el papel de liderazgo que le corresponde jugar en una economía como la cubana, debe funcionar en condiciones donde su eficiencia y rentabilidad sean posibles y eso no se soluciona con llamadas políticas, por importantes que estas sean.

Las consideraciones hechas por ustedes sobre la necesidad de incrementar los salarios y las pensiones para compensar el inevitable incremento de los precios que provocará la devaluación aún antes de los incrementos de oferta y como antecedente a una posterior reforma de salarios, solo sería sostenible si a la vez se crean las condiciones, también tratadas en este texto y en los de ustedes, para un incremento relativamente rápido de la oferta. Un incremento de salarios y pensiones sin una economía descentralizada y diversa que permita responder positivamente al incremento de la demanda, obligaría a un nuevo incremento de precios sino en el mercado oficial en el mercado negro y estaríamos de nuevo en el agobiante círculo vicioso que hemos vivido tantas veces.

El destino de una mayor parte de la disposición de divisas del país a importar sobre todo alimentos podría mejorar de manera inmediata la oferta, pero dada la situación de la balanza de pagos el margen no es demasiado amplio, por eso la reactivación rápida de la dinámica económica es esencial y eso solo se logra con una mayor y más profunda integralidad de la reforma en curso.

La estabilización adecuada de una oferta directamente en divisas en zonas francas sigue siendo una medida necesaria, se ha comenzado pero de manera inestable, sin sostenimiento de la oferta, con precios irracionales (sobre todo en la venta de automóviles) con un sistema de pago agobiante, sin incluir la venta súper necesaria de medios de producción, etc., etc., no hay razón para no mantener la estabilidad de un sector de mercado como ese que se financia a sí mismo en divisas, dejando márgenes de rentabilidad notables a la economía nacional.

En conclusión, la esencia de este proceso es la integralidad de la reforma, misma que no se ha alcanzado y ni siquiera planteado claramente aún por las autoridades correspondientes, cuando toda ella cabría perfectamente en las definiciones y espacios dados por el documento de la Conceptualización y la nueva Constitución, sin esta integralidad seguiríamos dando un paso adelante y dos atrás, ¿qué es lo que impide esa necesaria racionalidad?

Abrazo a todos

Julio Carranza

Categories: Invitados

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